miércoles, 29 de mayo de 2013

Resolución de casos prácticos en oposiciones a las administraciones públicas

Publicado por Ciudad Universitaria Virtual de San Isidoro
En los casos prácticos, preparación, serenidad y reflexión

Se ha criticado, en el presente y en el pasado, a veces con razón y otras sin ella, la excesiva carga memorística y teórica de las oposiciones a las administraciones públicas. ¿Garantiza unos grandes conocimientos teóricos la mejor preparación para un puesto de trabajo en el sector público? Lo que sí garantizan es un esfuerzo, una formación y una selección más objetiva. Nada que ver con la libre designación, los cargos “de confianza”, los cargos “digitales” o a dedo.

En los últimos años, existe una tendencia a que el opositor demuestre su destreza en la resolución de casos prácticos. Lo que no tiene que estar reñido con la capacidad memorística, pues éstos se deben sostenerse y fundamentarse en los conocimientos adquiridos.

Los casos prácticos tradicionalmente han sido una parte importante en la superación de una oposición, sobre todo para cuerpos en los que se exigía titulación universitaria. Suelen formar parte de los últimos exámenes. Es característico que uno de los ejercicios de la oposición consista en el desarrollo y resolución de uno o varios supuestos prácticos relacionados con el programa teórico, pudiendo ser de materias jurídicas, económicas o técnicas, tales como puede ser una memoria crítica, comentario o informe sobre un proyecto, plan de actuación, etc., o cualquier otro supuesto. El ejercicio normalmente es leído en sesión pública ante el tribunal, que podrá dialogar con el opositor sobre extremos relacionados con su ejercicio durante normalmente unos diez minutos. A veces se permite la utilización de textos legales aportados por los candidatos.


Conocer el tribunal

Es importante conocer a los miembros del Tribunal de nuestra oposición. Cuando hablamos de conocer a sus miembros no estamos hablando de amiguismo o enchufismo, conducta siempre reprobable, sino de saber profesionalmente donde trabajan, y concretamente, en que trabajan.

La idea es conocer en la medida de lo posible el currículo profesional del tribunal. Si no sabemos de oídas, podemos investigar en Internet, si  aparecen con nombramientos en los boletines oficiales, si tienen publicaciones científicas (Google académico es una excelente opción de búsqueda) o si participan en las redes sociales, hablando de su currículo o experiencia profesional, como por ejemplo, Linkedin, Facebook o Google +.

¿Por qué esto es importante? Por una razón muy simple como la siguiente: se examina de lo que se sabe y se está al día. Un tribunal es un órgano colegiado y sus decisiones son solidarias, esto quiere decir, como decían los mosqueteros, que uno para todos y todos para uno. Puede que el caso práctico sea redactado por uno o dos miembros del tribunal y que el otro domine poco el tema, pero lo que está claro es que el Tribunal no va a preguntar algo que ninguno de los miembros domine. Esto nos puede proporcionar pistas. Si bien hay que tener en cuenta que son pistas, no certezas. Puede que los miembros del Tribunal dominen otras áreas en que no trabajan, bien porque han trabajado en ello, bien por afición.

Hay que llevar bien preparados todos los posibles supuestos prácticos que puedan entrar, pero los que puedan ser sospechosos de que el Tribunal los domina, esos hay que dominarlos por completo.


No olvidar la teoría, junto con la práctica previa

Resolver un supuesto práctico no es más que la aplicación práctica de los conocimientos teóricos. Hay que olvidar la ficción de la desconexión entre teoría y práctica, por el contrario, deben estar sumamente interrelacionadas.

Pero no obstante, la resolución de un supuesto práctico, además de los conocimientos teóricos, exige ciertas destrezas. En este sentido vendrá muy bien poseer una colección de supuestos prácticos resueltos. Cuantos más mejor, pero eso sí asegurándonos que sean fiables.

Dentro de esta colección de supuestos prácticos, debemos tener hasta los más inverosímiles de los posibles. Así, no nos pillará de sorpresa si el tribunal preguntará algo que se salga de lo corriente. Hay que tener en cuenta, que si la relación opositores/plazas es elevada, el tribunal tenderá a endurecer las condiciones, por lo que debemos de estar bien preparados.

Entrando ya de lleno en el terreno de la prueba, iremos al examen, tranquilos, sin nervios y habiendo descansado bien. Unas oposiciones no se sacan en días, si hemos hecho a lo largo de meses todo lo que hemos podido, debemos estar tranquilos y sin remordimientos

La primera regla es leer detenidamente el caso práctico, es decir, los hechos, el llamado supuesto de hecho. Debemos comprenderlo a la perfección y para ello lo leeremos cuantas veces sea necesario.

Después nos plantearemos y contestaremos algunas preguntas orientativas, como pueden ser las administraciones que intervienen, la competencia que poseen para actuar, la legislación que resulta aplicable, que intereses o partes enfrentadas pueden aparecer. Si el supuesto es jurídico, es conveniente localizar el contenido del caso práctico en alguna de las grandes materias del Derecho, tales como fuentes, organización, contratos, etc. Si el supuesto es económico o técnico, encuadrarlo bien en la categoría que corresponda.

Una vez que hemos leído detenidamente el supuesto práctico, es sumamente importante entender bien el supuesto. Y entenderlo significa que no tenemos absolutamente ninguna laguna en su total comprensión.

Y para superar bien este paso, hay que insistir en la necesidad de preparar adecuadamente los supuestos prácticos. Si hay algún concepto o palabra cuyo significado se desconoce, hay que repasar y estudiar la teoría correspondiente.

Ya en el examen, si hay algún concepto o palabra que desconocemos, lo importante es no ponerse nerviosos e intentar recordar. Si desistimos, pues seguir adelante y no desanimarnos, ya que este olvido será más o menos grave en función de su importancia en el supuesto práctico.

Normalmente el caso práctico incluye unas preguntas. Hay que leer muy despacio las preguntas para saber exactamente lo que se pregunta.

El opositor, además de guiarse por estas preguntas, también, con el fin de resolver y dilucidar el caso práctico por completo, debe ser capaz de plantearse cuestiones o preguntas alternativas

Antes de lanzarse a contestar las preguntas, se ha de tener totalmente claro el sentido de la pregunta y el contenido de la respuesta.

A la hora de valorar que el opositor sepa encontrar la solución correcta al caso, se valora sobre todo en supuestos de ámbito jurídico, que además sea capaz de razonar en Derecho.

Un caso práctico puede tener distintas interpretaciones y, de hecho, en los casos reales jurídicos aparecen siempre dos o más partes enfrentadas, como por ejemplo cuando la Administración impone una sanción y el ciudadano no quiere pagarla. Existe un razonamiento jurídico, mejor o peor fundado en Derecho, para cada posición o interés enfrentado.

El opositor ha de realizar el esfuerzo de situarse siempre en las dos partes, para encontrar todos los argumentos posibles para resolver el caso. En el ejemplo anterior, sería la defensa de la Administración y la defensa del ciudadano.

Si en el supuesto práctico hay que realizar cálculos o determinaciones numéricas, como es el caso de supuestos de tipo económico, fiscal, ingenieril, científico o técnico, repasar concienzudamente los datos y revisar que todas las operaciones estén realizadas correctamente. Nada causa peor impresión que a pesar de ser un error humano, aparezca una cifra abultada o sin sentido. También es muy importante que en este tipo de supuestos se expliquen las operaciones realizadas con todo lujo de detalles, demostrando claridad y orden en la ejecución de la solución de los mismos.

El opositor debe escribir el caso práctico como si estuviera redactándo un dictamen o informe redactado por un abogado o un perito que informa a un cliente sobre un tema técnico, conflicto o problema jurídico que plantea.

No hay ninguna forma o procedimiento único para redactar un informe o dictamen jurídico, aunque se aconsejan dos pautas claves: claridad y brevedad. Normalmente, un dictamen consta de una exposición de los antecedentes fácticos o de hecho, un análisis de los conflictos jurídicos que se plantean (incluido análisis legislativo, jurisprudencial y doctrinal, en su caso) y unas conclusiones con las posibles soluciones o propuestas. Lo importante es que el dictamen o informe sea claro y que esté correctamente razonado, de forma que las conclusiones que se propongan tengan una base jurídica.

Revista del opositor y las oposiciones

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