lunes, 26 de mayo de 2014

Homo heidelbergensis

Publicado por Ciudad Universitaria Virtual de San Isidoro

Homo heidelbergensis es una especie extinta del género Homo. Surgió hace unos 600.000 años y se extinguió hace 250.000 años, a mediados del Pleistoceno.

Su nombre científico deriva del descubrimiento de sus primeros fósiles en 1907, la llamada mandíbula de Mauer, descubierta en esta localidad próxima a la ciudad de Heidelberg, Alemania, por un minero, datada de hace 600.000 años. Se han encontrado restos en Alemania, Francia y en España. Su anatomía ha sido descrita en gran parte por los restos encontrados en el yacimiento de la Sima de los Huesos en Atapuerca, España.


Características anatómicas

Eran individuos altos y muy fuertes. Medían unos 1,80 m de estatura y podían llegar a 105 kg de peso, con grandes cráneos que median 1350 cm³, con mandíbulas salientes y gran abertura nasal.

Los Homo heidelbergensis, preneandertales, mostraban una gran corpulencia física, ya que su talla era de 1,75-1,80 metros y cerca de 100 kg de peso, como media masculina. Las mandíbulas también poseían una gran fuerza y robustez a causa del desgaste que sufrían por la alimentación de carne cruda. Estas características morfológicas que van a dar origen al neandertal se inician aproximadamente hace medio millón de años.

El cráneo de Homo heidelbergensis es más redondeado que el de Homo erectus u Homo ergaster y la cara es más plana, aunque posee rasgos primitivos como los arcos supraorbitales.

Réplica de la mandíbula de Mauer
Réplica de la Mandíbula de Mauer

Expansión y hallazgos de Homo heidelbergensis

Posteriormente a la aparición de los primeros restos en Mauer, Alemania, se encontraron en la cueva llamada Caune de l'Arago, en Francia, fragmentos de restos fragmentarios de una docena de individuos. Uno de ellos, el más completo, con la cara y parte de la caja craneana de un individuo conocido como Hombre de Tautavel, data de cerca de hace 450.000 años y tiene gran parecido al cráneo del Hombre de Petralona, encontrado en una cueva en Grecia, que también se ha atribuído a Homo heidelbergensis.

Otros lugares donde se han hallado fósiles atribuidos a esta especie, son Steinheim, Alemania; Swascombe, Inglaterra, y la Sima de los Huesos en la Sierra de Atapuerca, España, donde se han encontrado 5.000 fósiles pertenecientes a unos 30 individuos, de hace 400.000 años, restos que están muy bien conservados.

En China se han encontrado fósiles que concuerdan con este grupo, en el sitio de Dali, un cráneo de hace 280.000 años, y un esqueleto en Jinniushan.

También se han encontrado fósiles relacionados con esta especie en África en los sitios de Bodo, al noreste de Etiopía; en Kabwe, Zambia, y en el Lago Ndutu, Tanzania. No existe consenso en la comunidad científica sobre estos fósiles africanos. Para algunos pertenecen a la especie Homo heidelbergensis. Otros piensan que los fósiles europeos y africanos pertenecen a dos especies diferentes, y las poblaciones africanas, serían otra especie clasificadas como Homo rhodesiensis, que sería un Homo sapiens arcaico, que evolucionaría hacia el Homo sapiens, mientras Homo heidelbergensis sólo correspondería a los fósiles europeos, que se muestra más claramente en la línea evolutiva hacia el hombre de Neandertal.

Tampoco hay unanimidad sobre la clasificación del hombre de Petralona (Grecia), que podría ser un Homo heidelbergensis tardío o más bien un Homo rhodesiensis u otro Homo sapiens arcaico que llegó a Europa desde África, a través de las costas del Mediterráneo.

Todo esto indica, independientemente de la atribución dudosa de algunos restos, una gran expansión geográfica de Homo heidelbergensis, siendo los primeros Homo que llegaron a las estepas del centro y norte de Eurasia, expansión que ya se había iniciado con su ancestro Homo antecessor.


Lugar en la evolución

El detallado análisis morfológico de los fósiles atribuidos a esta especie ha permitido proponer dos líneas evolutivas. La primera estaría formada por los restos de la mandíbula de Mauer, los fósiles de Arago y Petralona, es un grupo cosmopolita que incluye los cráneos de Kabwe y Bodo en África y Dalí y Jinniushan en China. La segunda, incluiría los fósiles de Steinheim, Reilingen y la Sima de los Huesos en Atapuerca y estaría más relacionado con el hombre de Neandertal, ya que presenta  morfologías muy neandertales, que haría la posibilidad de que a partir de una población como esta, por un cuello de botella, en algún refugio climático, surgiera la especie Homo neanderthalensis.

La secuenciación de ADN mitocondrial de un fémur procedente de la Sima de Los Huesos mostró resultados sorprendente, al poseer mayor relación con los fósiles siberianos del Homínido de Denísova que con el ADN neandertal, lo que abre paso a la hipótesis de una compleja relación entre las distintas especies de Homo en Eurasia.


Comportamiento y forma de vida

Homo heidelbergensis es la primera especie humana en la que se han detectado indicios de una mentalidad simbólica. El aparato fonador es cercano al de Homo sapiens, por ello es posible que el lenguaje, entendido de una manera quizás diferente a la actual, ya estaba presente en esta especie. Tomaron conciencia de la muerte y dieron quizá los primeros balbuceos en el arte. Podían haber sido los primeros creadores de lo que hoy conocemos como cultura.

Si Homo erectus era probablemente cleptoparásito, robando presas a los animales predadores y complementando su dieta con alimentos vegetales, en Homo heidelbergensis predomina la dieta carnívora con evidencias de caza. El motivo de una mayor actividad cazadora se debería a las condiciones ecológicas del territorio que colonizaron, ya que Europa era fría y durante seis meses existían muchos menos recursos alimenticios vegetales que en África. A través del carroñeo y el cleptoparasitismo no hubieran conseguido suficientes nutrientes. La caza contribuyó a la aparición de conductas sociales dedicadas a la caza, como grupos organizados para perseguirlos a llevarlos a trampas naturalas, como precipicios y pantanos.

Los utensilios asociados con los fósiles consisten básicamente en piedras de corte y herramientas de lascas como puntas y raspadores de madera, hueso y asta, siendo los iniciadores de esta técnica. en su tecnología se encuentra el bifaz, también llamado hacha de mano, de grandes dimensiones y está tallado por las dos caras, con utilidad muy diversa. Hace 400 000 años ya se usarían rudimentarias lanzas de madera. También es muy probable que en esta época el fuego fuese utilizado, ya que hay evidencias de hogueras.

Reconstrucción de Homo heidelbergensis
Reconstrucción de Homo heidelbergensis

En esta especie, se puede empezar a hablar de pequeños grupos con cohesión social, ya que se han encontrado restos de mandíbulas totalmente desdentadas, que indicarían que el anciano, tras perder su dentadura, seguiría viviendo ayudado por sus congéneres. Esto se traduce en una conducta diferencial a la hora del tratamiento de sus cadáveres, a los que se darían, por decirlo así, ciertas honras o rituales fúnebres. Hay otro aspecto interesante, en cuanto a las dentaduras de Homo heidelbergensis. Los molares y la dentadura definitiva les aparecían entre los 5 y 6 años tras ser paridos. En un chimpancé esto ocurre hacia los 3 años. Considerando que un individuo no puede alimentarse por sí mismo hasta tener bien desarrollada su dentición, esto querría decir que en Homo heidelbergensis se daría un prolongado cuidado de las crías con fuertes relaciones afectivas entre los individuos, cohesionando al grupo social y capacitándoles para, entre otras cosas, desarrollar eficaces estrategias de caza y de supervivencia en general.

En Terra Amata, Francia, se han encontrado restos de refugios construidos en la época de Homo heidelbergensis. Estos refugios tenían una forma ovalada, de unos ocho metros de largo y seis de ancho, encontrándose dentro restos de ceniza.



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