sábado, 2 de febrero de 2013

La crisis económica (de 2008 a 2012) en seis sencillas lecciones (6/6). La crisis económica a finales de 2012

Publicado por Ciudad Universitaria Virtual de San Isidoro

Las causas de la crisis 

La crisis que está padeciendo España es el resultado de dos fenómenos:

1. Las debilidades  en el diseño de la unión monetaria. Faltan en ella los mecanismos de ajuste típico de áreas monetarias bien integradas, como la del dólar en Estados Unidos. No existe una gran Hacienda central que absorba los riesgos de fluctuaciones económicas´. Esa debilidad del diseño de la unión monetaria hace que, cuando se produce un problema asimétrico grave, muchos inversores pongan en duda la sostenibilidad de  la unión monetaria y empiecen a exigir especiales primas de riesgo a los países que consideran más vulnerables. Esa prima refleja, pues, temores sobre la continuidad del euro, más que sobre la solvencia del emisor soberano.

2. Los desequilibrios agudizados por una política monetaria demasiado expansiva para España. Las instituciones y ahorradores alemanes compraron a manos llenas los valores emitidos por las Cajas de ahorros y bancos españoles para financiar la burbuja crediticia e inmobiliaria que vivía España, y esa aparente bonanza permitía a los españoles comprar los coches fabricados en Alemania. El problema surgió cuando, incluso antes de que se iniciara  la crisis financiera internacional, la interrupción de ese mecanismo de financiación de los excesos de la economía española produjo una corrección severa y rápida.


Las secuelas de la crisis

La crisis ha tenido en España varios efectos:

1. Una parte significativa de los ingresos fiscales obtenidos hasta 2007, en torno a un 25% de la recaudación total, ha desaparecido para siempre, porque fue la excepcional y transitoria consecuencia de la burbuja crediticia.

2. El stock agregado del crédito bancario en España creció en exceso, y tiene que reducirse en términos nominales, como ya está ocurriendo, lo que conllevará el necesario "desapalancamiento" (apalancamiento: efecto del endeudamiento en la rentabilidad) de los deudores y de las propias entidades de crédito. La prolongada reticencia a aflorar las pérdidas latentes provocadas por la crisis inmobiliaria ha causado grave desprestigio al sistema financiero español y a sus supervisores.

3. Se ha producido una fuerte caída del empleo, que ha provocado un rápido aumento del desempleo. Esa caída del empleo se vio agravada por la rigidez de los mecanismos de ajuste del mercado de trabajo, basado más en la cantidad de empleo que en su precio. España lo que necesitaría es un gran tirón de la demanda externa, más que un gran crecimiento de la demanda interna, actualmente muy débil, así como una política ambiciosa de apertura al exterior y liberalización económica que mejore nuestra competitividad internacional.


La solución de la crisis

La Unión Europea siempre ha progresado a base de crisis: los potenciales efectos adversos de la falta de reformas ha acabado galvanizando las energías precisas para superarlas. Los políticos europeos saben que la ruptura de la unión monetaria provocaría la desaparición de la Unión Europea. Los ciudadanos también, y por eso en las recientes elecciones en Grecia y Holanda han obtenido buenos resultados los partidos pro-europeos.

La superación de la crisis exigirá tanto una mayor integración política y reformas institucionales en la zona euro, como la continuación por España y otros países deudores del proceso de ajuste y reformas económicas.

En concreto, los pasos que se han de dar son los siguientes:

1. Mayor integración de la unión monetaria. Uno de los avances esenciales debe ser la creación de una verdadera unión bancaria. La transformación del Banco Central Europeo en supervisor prudencial único en 2013 deberá completarse con la creación de otras dos instituciones de ámbito europeo: un Fondo de Garantía de Depósitos y un Mecanismo Europeo de Restructuración y Resolución bancaria (similar al FROB español).

2. Integración fiscal. También será preciso crear una Autoridad Fiscal única que no se limite a ser una mera guardiana de los tratados y del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, sino que tenga unas funciones y una visión más amplias. En la actualidad la zona euro sufre un problema de simetría: el efecto contractivo de los ajustes en países deudores como España no se está viendo correspondido por impulsos expansivos en los países acreedores.

Y en concreto para España:

1. Política nacional de ajustes y reformas

España debe continuar el ajuste presupuestario y el programa de reformas económicas. Pero ¿está haciendo España todo lo necesario para reducir el déficit presupuestario y favorecer la confianza de los inversores extranjeros? Por parte de muchos autores se está poniendo en duda, porque las medidas que se han tomado limitan el consumo y no se percibe una voluntad clara de reducir gastos emblemáticos, ni de reducir el despilfarro provocado por el sistema político.

Aunque ha habido quejas por las recientes subidas de impuestos, tanto directos como indirectos,  la carga fiscal en España, que es la proporción entre los ingresos fiscales y el PIB, es tan sólo del 35%, casi 20 puntos menos que la media de la Unión Europea. Ese resultado sólo puede explicarse por la existencia de grandes bolsas de fraude, a veces arraigada en la cultura popular.

Las grandes partidas de gasto público son las pensiones, la sanidad, la educación, el desempleo y los intereses de la Deuda Pública. Hay que reducir antes al máximo cualquier otro gasto menos general, pero será difícil recortar el gasto agregado sin tocar estas partidas que afectan a millones de ciudadanos.

2. Reestructuración bancaria

Existen grandes dudas sobre el diseño de la reestructuración bancaria en ciernes. Se ha señalado que la Sociedad de Gestión de Activos o "banco malo" difícilmente será rentable, lo que hará difícil que pueda atraer capital privado. Tampoco parece verosímil que la restructuración bancaria se consiga, como algunos han anunciado, "sin coste para el contribuyente". El análisis de las provisiones precisas de activos bancarios y de la rentabilidad de los bancos puede estar pecando de optimista, al no haber cubierto todas las categorías de activos y darse por buenos ingresos contables obtenidos de préstamos refinanciados. Debieran evitarse fórmulas que permitan a las entidades de crédito sacar activos dudosos de su perímetro de consolidación ("desconsolidar") en aquellos casos en que no haya genuina traslación de riesgos. Además de la insuficiencia de capital de algunas entidades de crédito españolas, casi todas padecen el problema adicional de la refinanciación de sus pasivos a corto plazo, problema que no resuelve el programa de restructuración.


Conclusión

Algunos analistas anglosajones, con su pesimismo visceral sobre la unión monetaria, han parangonado la situación actual en la zona euro a la de agosto de 1914, cuando la conjunción de errores de cálculo de las distintas potencias europeas condujo a un conflicto de consecuencias trágicas.

Es cierto que estamos viviendo una situación muy delicada -más grave que la crisis de los años 1992-1993-, y que los errores de diseño del euro han provocado riesgos.

Pero las autoridades políticas alemanas y las de muchos otros países son conscientes de  tales riesgos y están dispuestos a conjurarlos. Hay que tener en cuenta, no obstante, las restricciones que les imponen sus sistemas políticos y sus opiniones públicas. La clave del éxito estará en que el ritmo político de las reformas tenga la rapidez exigida por los mercados.  






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