La crisis económica (de 2008 a 2012) en seis sencillas lecciones (5/6). El contagio de la crisis de deuda


Endeudamiento público

En 1992, los miembros de la Unión Europea firmaron el Tratado de Maastrich, bajo el cual se comprometieron a limitar su déficit público y sus niveles de deuda. No obstante, un número de países miembros de la UE, entre los que están Grecia e Italia, fueron capaces de soslayar estas reglas y de enmascarar sus niveles de déficit y deuda gracias a la utilización de complejas instrumentos financieros, en particular derivados de divisa y de crédito. Estas estructuras fueron diseñadas por importantes bancos de inversión estadounidenses.

Un importante número de expertos en Economía consideran que el aumento de los niveles de deuda de los países europeos fuera causado por el exceso en el gasto de sus gobiernos. De acuerdo a su análisis, el aumento en los niveles de deuda se debió fundamentalmente a los importantes paquetes de rescate con que se salvó a las instituciones financieras durante la Crisis financiera de 2008, y la recaída económica posterior. En cualquier caso, los elevados niveles de deuda pública no pueden explicar por sí solos la crisis.



Endeudamiento público en 2009

Algunos analistas como Martin Wolf han afirmado que la causa raíz de la crisis hay que buscarla en los desequilibrios en la balanza de pagos. Señala que en el período que llevó hasta la crisis, desde 1999 hasta 2007, Alemania tenía niveles de deuda y déficit públicos relativos a su PIB peores que los de algunos de los países más afectados por la crisis como España e Irlanda. El balance de pagos positivo, o superavit comercial, de Alemania se ha incrementado como porcentaje de su PIB desde 1999, al tiempo que el balance de pagos negativo, o déficit comercial, de países como Italia, Francia y España ha empeorado. 


Crisis financiera en Grecia

Un aspecto importante fue la pérdida de confianza. Los bancos mantenían importantes carteras de bonos de países débiles como Grecia, que ofrecían una pequeña prima y parecían igualmente equilibrados a los más saneados. A medida que la crisis se desarrolló, empezó a verse claro que los bonos de Grecia, y posiblemente los de otros países, ofrecían sustancialmente más riesgo. A la falta de información sobre el riesgo de la deuda soberana europea contribuyó el conflicto de interés entre diferentes bancos que estaban ganando importantes sumas al emitir los bonos. La pérdida de confianza se vio reflejada en el aumento de los precios de los CDS soberanos (operación financiera de cobertura de riesgos), indicativo de las expectativas del mercado sobre la capacidad de crédito de los países.

Además de lo anterior, durante el desarrollo de la crisis en Europa, las dudas fueron extendiéndose entre los inversores sobre las posibilidades y la capacidad de la clase política de la zona Euro para contener efectiva y rápidamente la crisis. Desde el momento que los países que utilizan el Euro como su divisa tienen menos posibilidades de política económica, dado que no pueden imprimir moneda en su propia divisa para pagar a los tenedores de deuda, algunas soluciones requieren de la cooperación multinacional. Es el resultado del hecho que el área Euro no está construida sobre un sólido andamiaje institucional de tipo estatal que gobierne su economía.

Con una negativa respuesta popular, expresada en las calles, el gobierno griego desveló a principios de enero de 2010 un drástico plan de reducción del gasto público y prometió limitar el déficit en un 3% para 2012. No obstante la desconfianza continuó, y mientras las tasas de préstamo para Grecia subían regularmente, la Comisión Europea reclamó más detalles de las medidas. El 2 de febrero, el gobierno revisó el plan de austeridad, endureciéndolo con nuevas medidas como el bloqueo de los sueldos a los funcionarios, la subida de los impuestos y el aumento de la edad de jubilación, a pesar de que hubo nuevas huelgas generales.

Durante el transcurso de la crisis griega, la Unión Europea (UE) se enfrentó a un dilema. No había cláusula en el tratado inicial que regula la Unión que permitiera a sus países rescatar financieramente a uno o varios de ellos. El rescate colectivo de un país por los otros miembros está prohibido porque tiene un efecto contraproducente: eso no incitaría a los gobiernos a reducir sus déficits. Así, durante semanas, Alemania se negó a ayudar directamente a Grecia, alegando que los otros miembros de la zona euro no estaban dispuestos a pagar por los errores griegos, además de sufrir las protestas populares y una denuncia particular contra el gobierno.

Por otro lado, una intervención del Fondo Monetario Internacional (FMI) y, por tanto, una relación de dependencia respecto de él, no contentaba a todos los miembros de la Eurozona, porque recurrir al FMI hubiera podido dañar la credibilidad del euro; conllevaba admitir que la moneda única tenía problemas que debían gestionarse desde el extranjero. Grecia y la UE se negaron a aceptar esta intervención.

Mientras la situación ganaba urgencia surgieron rumores sobre otros países y amenazó el riesgo de contagio: Portugal (deuda del 77% de su PIB), España (déficit similar al griego, pero deuda pública sensiblemente más baja), Italia (deuda pública más elevada, pero déficit mucho menor). La situación griega alteró la confianza en los mercados financieros y llevó a los inversores a retirar su dinero de esos mercados, amenazando romper la estabilidad económica europea. Los primeros rumores sobre los bonos de estos países empezaron en diciembre, y no dejaron de reforzarse en los meses siguientes.

El 3 de febrero, la Unión Europea anunció durante una cumbre en Bruselas que respaldaría los planes del gobierno griego para reducir su déficit y que sometería a Grecia a una supervisión severa para garantizar que el país tomaba las medidas anunciadas, y no se anunció ninguna ayuda financiera. Esta intervención de apoyo y supervisión fue insuficiente para calmar los temores de contagio a otras economías mayores de la zona euro como la española, con lo que no se frenaron los ataques especulativos.

El 11 de febrero, los líderes de la Unión Europea acordaron en que no dejarían sola a Grecia y la ayudarían a sortear su crisis, que amenazaba otros países y la moneda común. Prometieron llevar adelante una acción coordinada para salvaguardar la estabilidad financiera de la eurozona. Sin embargo, no revelaron detalles sobre cómo sería el rescate, por lo que no se disiparon las dudas sobre la economía helena entre los inversores.

En los días sucesivos la Unión Europea pidió de nuevo a Grecia que intensificase sus esfuerzos para reducir el déficit público, porque ni el plan de ajuste, ni los anuncios de apoyo económico disiparon la desconfianza en los mercados. El 5 de marzo, algunos días después de una huelga general, el gobierno griego anunció nuevas medidas.

El 15 de marzo, mientras que los mercados financieros seguían especulando sobre si la ayuda europea prometida a Grecia se iba a materializar, los ministros de finanzas de la Unión Europea (Eurogrupo) llegaron a un acuerdo no detallado sobre préstamos. Sin embargo, solo afirmaron que los países de la Eurozona habían acordado una manera de ayudar a Grecia en caso de que fuese necesario, pero reiteraron que Grecia no necesitaba un rescate y que la crisis griega era un problema nacional.

La dificultad de llegar a un acuerdo se debía principalmente a un desacuerdo entre Alemania y los otros miembros de la eurozona en la solución para salir de la crisis. Alemania se negaba a ayudar colectivamente a Grecia, e incluso propuso excluir de la Eurozona a los países que no respetaran las reglas y amenazaran la viabilidad de la moneda. Sin embargo, la Comisión Europea y otros países de la eurozona como Francia estaban a favor de una ayuda a Grecia y descartaban una exclusión, por eso pusieron presión sobre Angela Merkel para llegar un acuerdo. Además, George Papandreou, presidente de Grecia dio un ultimátum a la UE para aprobar el plan de rescate, amenazando con incumplir el plan de ajuste en caso de no rescate.

Finalmente, el 25 de marzo Francia y Alemania acordaron un plan para rescatar las finanzas griegas con la participación del FMI y los países de la eurozona. Sin embargo, solo se trataba de un plan de último recurso para rescatar a Grecia si se encuentra en situación de suspensión de pagos. Sin embargo, en los días siguientes continuaron las dudas sobre el rescate, lo que reactivó la presión sobre la deuda griega. Las agencias de calificación rebajaron la calificación de la deuda griega a largo plazo.

El 11 de abril, los líderes del Eurogrupo revelaron los detalles del paquete de préstamos de emergencia, que estarían a disposición del país sólo si en caso de que pidiera asistencia, con tasas de interés más bajas que en los mercados). El dinero lo pondrían los países de la eurozona y el FMI.

El día 23 el primer ministro griego George Papandreou pidió oficialmente que se pusiera en marcha el plan de rescate para antes del 19 de mayo. El plan no fue lanzado inmediatamente debido a las reticencias de Alemania, que exigió condiciones muy duras antes de prestar su ayuda.

Al mismo tiempo, los mercados financieros temieron que los denominados PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) incurrieran en futuros impagos. Las preocupaciones se reforzaron en particular para España, donde el desempleo había subido a un 20%, y Portugal, que tenía un déficit elevado.

Las agencias de calificación hicieron rebajas de la calificación crediticia de España y de Portugal, debido a los riesgos fiscales que enfrentaban esos países y a sus débiles perspectivas económicas. Esta situación provocó la caída de las valores bursátiles europeos, encabezados por el español, y el desplome del euro frente al dólar.

En los meses anteriores, se había apoyado la propuesta de que los países europeos no rescataran Grecia, y que Grecia abandonara la eurozona, considerando que debía salir sola de la situación en la que se metió. También se consideraba una manera de proteger el euro y los otros países, y, aunque el propio gobierno alemán había contemplado esta solución, luego la rechazó.

Finalmente, ante la gravedad de la situación y el peligro para las economías de la Eurozona por un posible efecto como caída de fichas de dominó, se acordó el rescate financiero para Grecia. El 17 de mayo, el paquete fue aprobado por el Consejo Europeo.

El 10 de mayo, los ministros de Finanzas se reunieron en Bruselas para crear un nuevo mecanismo de estabilización para evitar que la crisis de la deuda de Grecia se extienda a otros países. El Banco Central Europeo tomaría préstamos para el fondo de estabilización directamente en los mercados, para prestar este dinero a gobiernos europeos en dificultades. El objetivo era evitar que la crisis griega se extendiera a otros países de la eurozona con altos déficits y débil crecimiento, especialmente España, Portugal e Irlanda. Por tanto era también una manera de proteger el euro.


Crisis financiera en Irlanda

La crisis de deuda soberana irlandesa no fue causada por un exceso de gasto de su Gobierno, sino que fue consecuencia de la garantía otorgada por el Gobierno de Irlanda sobre los pasivos de los seis principales bancos irlandeses, los cuales habían financiado una burbuja inmobiliaria. 

Las pérdidas estimadas de los bancos irlandeses ascendían a 100.000 millones de euros, de los cuales la mayor parte estaba relacionado con créditos inmobiliarios fallidos concedidos a promotores inmobiliarios y propietarios de viviendas durante la burbuja inmobiliaria, la cual explotó en torno a 2007. 

En septiembre de 2010, los bancos no fueron capaces de levantar financiación y la garantía bancaria fue renovada por tercer año. Este hecho tuvo un impacto negativo sobre los bonos públicos irlandeses. En abril de 2011, a pesar de las medidas llevadas a cabo, la agencia de calificación Moody's rebajó el rating de la deuda de los bancos irlandeses a la categoría de bono basura.


Crisis financiera en Portugal

Un informe publicado de enero en Portugal por Gradiva, demostraba que en el período entre la Revolución de los Claveles en 1974 y 2010, el Gobierno de Portugal había promovido el sobregasto y las burbujas de inversión a través de alianzas público-privadas poco transparentes y mediante la financiación de numerosas consultorías externas ineficientes e innecesarias. Esto provocó considerables sobre precios en obras públicas gestionadas por el Estado y al mismo tiempo infló los sueldos y los bonos de los ejecutivos y máximos responsables. Las políticas de contratación provocaron el aumento hasta niveles excesivos en el número de funcionarios públicos. Tanto los créditos de riesgo como la deuda pública y los Fondos de Cohesión europeos fueron mal gestionados durante cerca de cuatro décadas. 

Portugal fue víctima de sucesivas oleadas de especulación. Durante el primer trimestre de 2010, antes de que comenzara la presión de los mercados, Portugal tenía una de las mejores tasas de recuperación económica de la UE. Desde el punto de vista de las órdenes de pedidos industriales de Portugal, de las exportaciones, de la innovación emprendedora y de los logros académicos, el país igualaba o incluso superaba, no obstante, a sus vecinos de Europa Occidental.

El 16 de mayo de 2011, los líderes de la Eurozona aprobaron oficialmente un paquete de rescate de 78.000 millones de euros para Portugal. El préstamo de rescate será distribuido entre el Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera, el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y el Fondo Monetario Internacional.

El 6 de julio de 2011, se confirmó que la agencia de calificación Moody's había llevado el rating de Portugal hasta el nivel de bono basura, apareciendo informaciones adicionales de Moody's que apuntaban a que quizá Portugal pudiera seguir a Grecia en la necesidad de un segundo rescate.


Contagio a otros países 

En 2010, la deuda pública de Bélgica representaba el 100% de su PIB, el tercer mayor valor relativo de la zona Euro por detrás de Grecia e Italia. En esta fecha existían, adicionalmente, dudas acerca de la estabilidad financiera de sus bancos. Pero por la elevada tasa de ahorro de los belgas, el Gobierno de Bélgica ha venido siendo capaz de financiar su déficit principalmente a través de los ahorros domésticos, lo que le hace menos proclive a las fluctuaciones de los mercados de crédito internacionales

La deuda pública de Francia en 2010 era de aproximadamente un 83% de su PIB, manteniendo un défici fiscal en 2010 del 7% de su PIB.

Una de las principales preocupaciones al tiempo de llevarse a cabo los diferentes rescates era la posibilidad de que la crisis pudiera contagiarse a más países de la zona del Euro, dado que la crisis había reducido la confianza en otras economías europeas. 

El déficit presupuestario de Italia, situado en un nivel del 4.6% del PIB en 2010, era similar al de Alemania ese año, de un 4.3%, y menor que el de Reino Unido o Francia. Italia incluso tenía superavit primario en su presupuesto (excluyendo pagos por interés de la deuda). No obstante, su deuda pública se había incrementado hasta situarse en el 120% de su PIB y su crecimiento económico llevaba siendo menor que el de la media de la UE desde hacía una década. Este comportamiento económico llevó a los inversores a ver los bonos italianos como un activo cada vez más arriesgado. Por otra parte, la deuda pública italiana tiene un vencimiento más largo del habitual, estando la mayor parte de la misma en manos de inversores domésticos. En general, esto hace que el país sea más resistente a una caída financiera.

España tenía un nivel de deuda pública bajo en comparación con otras economías avanzadas. La deuda en España representaba el 53% del PIB en 2010, más de 20 puntos menos que Alemania, Francia o Estados Unidos, y más de 60 puntos menos que Italia, Irlanda o Grecia, afirmándose que el país no se enfrenta a riesgo de default. Como Italia, la mayor parte de la deuda de España es controlada internamente, encontrándose ambos países en mejor posición fiscal que Grecia o Portugal, lo que hace que el riesgo de rescate sea muy improbable siempre que la situación no se vuelva mucho más severa.

Cuando comenzaron a surgir rumores por diferentes especuladores sobre la posibilidad de que España tuviera que ser rescatada, estos fueron descartados por el Presidente de Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero. No obstante, poco tiempo después del anuncio de la creación por la UE de un nuevo fondo de emergencia para los países de la Eurozona en mayo de 2010, España tuvo que anunciar un conjunto de medidas de austeridad diseñadas para reducir significativamente el déficit presupuestario del país, enviando una señal a los mercados financieros sobre la conveniencia y seguridad de invertir en el país. El Gobierno de España había confiado hasta el momento en evitar este tipo de recortes profundos, pero la debilidad del crecimiento económico interno sumado a la presión internacional forzaron al Gobierno a expandir las medidas de recorte que ya había comenzado a implantar en enero de 2011. Siendo una de las mayores economías de la Eurozona, la situación de España es de particular interés y preocupación para los observadores internacionales, lo que provocó que se viera sometida a presiones de Estados Unidos, el FMI, otros países europeos así como la Comisión Europea para que implantara medidas de reducción del déficit más agresivas.

Durante la crisis griega, el valor de la moneda única frente al dólar no dejó de caer, a causa de la desconfianza en los mercados financieros y de la posibilidad de que Grecia fuera expulsada de la zona euro. La desconfianza del mercado en el Euro se debía en buena medida al desacuerdo entre los países de la Eurozona sobre la ayuda financiera a Grecia y la posible intervención del FMI. Esta caída se debía al escepticismo de los mercados sobre la capacidad de la UE de ayudar a Grecia.

Las bolsas mundiales registraron fuertes caídas durante la crisis. El punto más fuerte de la caída fue la primera semana de mayo de 2010. Las bolsas más afectadas fueron las de París, Madrid y Atenas, pero también Londres. Las dificultades se extendieron al índice Nikkei de Japón y a Wall Street. Se deben a las temores entre los inversores mundiales a que los problemas económicos griegos se expandan a otros países europeos y comprometan el crecimiento europeo y mundial.

Varios líderes europeos anunciaron que no debe permitirse que los especuladores financieros ataquen al euro y los países más débiles de la unión sin justificación. Unos meses después de la crisis financiera global y de debates sobre un posible mayor control de los mercados financieros, los dirigentes europeos reactivaron la posibilidad de imponer nuevas límites a la especulación.

La crisis reveló algunas carencias en el funcionamiento de la Eurozona. De hecho, no hay un nivel de integración política y económica suficiente para considerar al euro similar a otras monedas como el dólar, el franco suizo o el yen.

Una primera carencia fue la falta de control de la Comisión Europea sobre las cuentas publicas de Grecia, permitiendo al gobierno griego disimular sus déficits. También existe falta de cooperación entre los miembros de la eurozona. Tampoco existía un instrumento para gestionar adecuadamente eventuales crisis en la zona. Sin embargo, la aprobación de un mecanismo de ayuda colectiva supone una nueva etapa hacia una coordinación más avanzada de las políticas económicas. Pocos días después de la creación de este mecanismo, la Comisión Europea anunció nuevas sanciones en caso de disimulaciones cuentas publicas.

A partir del mes de mayo de 2010, los principales países europeos presentaron medidas de ajuste económico. En particular, los llamados PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) anunciaron severos recortes en el gasto público y aumentos de impuestos. Pero países con menos problemas de déficit fiscal y deuda pública, como Francia y Alemania, llevaron a cabo también sus propios ajustes.

El 9 de mayo de 2010, los 27 estados miembros de la UE acordaron crear el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, un instrumento legal destinado a mantener la estabilidad financiera en Europa a través de la provisión de asistencia financiera para los estados europeos en dificultades. El FEEF puede emitir bonos u otros instrumentos de deuda en el mercado con el apoyo de la Oficina de Gestión de la Deuda de Alemania para levantar los fondos que sean necesarios para proveer de préstamos a países europeos en problemas, recapitalizar bancos o comprar deuda soberana. Las emisiones de bonos están respaldadas por garantías facilitadas por estados miembros de la zona Euro en proporción a su participación en el capital del Banco Central Europeo. 

Las bolsas se dispararon mundialmente tras el anuncio de la creación del FEEF por la UE. El fondo calmó los miedos de que la crisis de deuda griega podría contagiarse a otros países, y esto llevó a que algunas bolsas de valores alcanzaran su mayor nivel en un año o más. El Euro logró su mayor ganancia en 18 meses, antes de caer hasta un nuevo mínimo en cuatro años una semana después. Se interpretó que el acuerdo permitía al BCE comenzar a comprar deuda pública en el mercado secundario, lo que se esperaba que redujera los rendimientos de los bonos, como así fue.

El 5 de enero de 2011, la Unión Europea creó el Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera (MEEF), un programa de financiación de emergencia basado en fondos levantados en los mercados financieros y garantizados por la Comisión Europea utilizando el Presupuesto de la Unión Europea como colateral. Funciona bajo la supervisión de la Comisión, y persigue preservar la estabilidad financiera en Europa a través de la provisión de asistencia financiera a los miembros de la UE en dificultades económicas. 

Como el FEEF, también el MEEF será reemplazado por un programa de financiación de rescate permanente.


Acuerdo de Bruselas

El 26 de octubre de 2011, los líderes de países de la Eurozona se reunieron en Bruselas y acordaron una quita del 50% de la deuda soberana de Grecia de los bancos, un incremento de cuatro veces (hasta cerca de 1 billón de euros) en fondos de rescate bajo el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, un incremento obligatorio del nivel de capitalización de los bancos hasta el 9% en el área de la UE y una serie de compromisos de Italia para tomar medidas para reducir su deuda nacional. 

La aceptación del paquete fue puesta en duda el 31 de octubre cuando el Presidente de Gobierno griego, George Papandreou, anunció un referéndum para que el pueblo griego pudiera tener la última palabra sobre el rescate, lo que asustó a los mercados financieros. El 3 de noviembre de 2011 el prometido referéndum griego sobre el paquete de rescate fue retirado por el Presidente Papandreou.


Intervenciones del BCE

El Banco Central Europeo (BCE) ha tomado una serie de medidas dirigidas a reducir la volatilidad en los mercados financieros y a mejorar la liquidez:

Comenzó a realizar Operaciones de Mercado Abierto comprando títulos de deuda pública y privada, anunció dos subastas de 3 meses y una de 6 meses con adjudicación completa a través de sus Operaciones de Refinanciación de Largo Plazo (ORLP) y reactivó sus líneas de swap (permuta financiera, contrato por el cual dos partes se comprometen a intercambiar una serie de cantidades de dinero en fechas futuras) en dólares con el apoyo de la Reserva Federal. Posteriormente, los bancos miembros del Sistema Europeo de Bancos Centrales comenzaron a comprar deuda pública.

El BCE también ha cambiado su política en materia de la necesidad de calificación crediticia para depósitos en sus cuentas. El 3 de mayo de 2010, el BCE anunció que aceptaría como colateral toda la deuda viva así como nuevos instrumentos de deuda emitidos o garantizados por el Gobierno de Grecia, independientemente del rating crediticio del país del que se tratara. El movimiento alivió cierta presión de los bonos griegos, que acababan de ser rebajados en su calificación hasta el estatus de bono basura, haciendo difícil para su Gobierno conseguir dinero en los mercados de capitales.

El 21 de diciembre de 2011, el BCE comenzó la mayor infusión de crédito en el sistema bancario europeo de los 13 años de historia de la moneda única. Confía en que los bancos utilicen parte de este dinero para comprar deuda pública, aliviando así la crisis de deuda.


Acción concertada de varios bancos centrales

El 30 de noviembre de 2011, el Banco Central Europeo, la Reserva Federal de Estados Unidos, los bancos centrales de Canadá, Japón, Reino Unido y el Banco Nacional Suizo, inyectaron en los mercados financieros globales con liquidez adicional para atajar la crisis de la deuda y apoyar la economía real. Los bancos centrales acordaron reducir el coste del swap de divisas en 50 puntos básicos, lo que tuvo efecto el 5 de diciembre de 2011. También acordaron facilitarse entre ellos con abundante liquidez para asegurar que los bancos comerciales mantendrían su liquidez en otras divisas.


Pacto del Euro

A la caída en el crecimiento del PIB le sigue la caída en la recaudación impositiva y el aumento de los gastos de las redes de protección social, lo que aumenta los niveles de déficit y de deuda. El problema central de Europa es la falta de crecimiento. La economía de Italia no ha crecida durante toda una década. Ninguna restructuración de la deuda funcionará si la economía se mantiene estancada. Las economías occidentales, con altos salarios, generosos subsidios a las clases medias y complejos sistemas regulatorios y fiscales, tienen graves problemas para continuar de esta forma. Ahora se enfrentan a presiones en tres frentes: la demografía (una populación envejecida), la tecnología (que permite a las empresas hacer mucho más con menos personal) y la globalización (que permite deslocalizar la producción y los servicios alrededor del mundo). Se apuesta por una bajada de salarios y dar pasos para atraer mayores inversiones de capital extranjero.


Soluciones propuestas a largo plazo

Se ha sugerido que la estabilidad a largo plazo en la Eurozona requiere de una política fiscal común antes que controles en la cartera de inversiones. A cambio por una financiación más barata de la UE, Grecia y otros países, además de haber perdido el control de su política monetaria y cambiaria desde la entrada en el Euro, perderían adicionalmente su política fiscal doméstica.
En marzo de 2011 se inició una nueva reforma del Pacto de estabilidad y crecimiento dirigida a reforzar las reglas adoptando un proceso automático de imposición de sanciones en caso de incumplimiento tanto de las reglas de déficit como de deuda. Alemania presionó a otros estados miembros para que adoptaran una regla de oro presupuestaria para lograr un claro límite a la nueva deuda, disciplina presupuestaria estricta y un presupuesto equilibrado. La aplicación de este tipo de límites de deuda implicaría una disciplina fiscal mucho más estricta en el bloque que las reglas actualmente existentes.

Hacia finales de 2011, Alemania, Francia y otros países pequeños de la UE fueron un paso más lejos y apoyaron la creación de una unión fiscal para la Eurozona con reglas fiscales estrictas y vinculantes, así como sanciones automáticas, todo ello incluido en el cuerpo de los tratados europeos. La canciller alemana Angela Merkel también insistió en la necesidad de que la Comisión Europea y la Corte Europea de Justicia debían jugar un "rol importante" en asegurar que los países cumplan con sus obligaciones.

El 21 de noviembre de 2011, la Comisión Europea sugirió que la emisión de eurobonos conjuntamente por las 17 naciones del Euro podrían ser una vía efectiva de atajar la crisis financiera. Utilizando el término "bonos de estabilidad", José Manuel Barroso insistió en que un plan de este tipo debería venir acompañado por supervisión fiscal estricta y coordinación de la política económica como una contrapartida esencial para evitar el riesgo moral y asegurar una finanzas públicas sostenibles.

Un país con un importante superávit comercial verá, normalmente, apreciarse el valor de su divisa en relación a otras divisas, lo que debería a su vez reducir su desequilibrio a medida que el precio relativo de sus exportaciones aumenta. Esta apreciación de divisa ocurre cuando el país importador vende su divisa para comprar la divisa del país exportador utilizada para la adquisición de bienes. Alternativamente, los desequilibrios por cuenta corriente pueden reducirse si un país incentiva el ahorro doméstico a través de la restricción o la penalización de los flujos de capitales a través de sus fronteras, o a través del aumento de sus tipos de interés, si bien los beneficios que esta acción pudieran tener se verían compensandos por la desaceleración de la economía y el aumento de los pagos de interés del Gobierno.

En cualquier caso, muchos de los países que sufrieron la crisis están dentro del Euro, de modo que la devaluación, el control de los tipos de interés y los controles de capital no están disponibles para ellos. La única solución disponible para elevar el nivel de ahorros de un país es reducir sus déficits presupuestarios y cambiar los hábitos de consumo y ahorro doméstico. Por ejemplo, si los ciudadanos de un país ahorraran más en vez de consumir productos importados, esto reduciría su déficit comercial. Se ha sugerido, por lo tanto, que los países que mantienen importantes déficits por cuenta corriente (como es el caso de Grecia) consuman menos y mejoren sus industrias exportadoras. Por otro lado, los países que exportan mucho y que mantienen importantes superávits comerciales, como Alemania, Austria y Holanda deberían lograr que sus economías se desplazaran hacia servicios domésticos e incrementaran sus sueldos para apoyar el aumento del consumo doméstico.


Especulación sobre la ruptura de la Eurozona

Diferentes economistas, la mayoría de los cuales no eran europeos y se asocian con escuelas como la teoría monetaria moderna o el postkeinesianismo, han condenado el mismo diseño del sistema cambiario europeo desde sus inicios por haber cedido la soberanía monetaria y económica nacional sin haber creado una autoridad fiscal central. Algunos economistas no neokeinesianos, como Luca A. Ricci del FMI, argumentan a cambio que la Eurozona no cumple los criterios necesarios para ser considerada una zona monetaria óptima, si bien se está moviendo en esa dirección.

A medida que la crisis se expandió más allá de Grecia, estos economistas siguieron defendiendo, con más fuerza, la desmembración de la Eurozona. Si esto no fuera inmediatamente realizable, recomendaron que Grecia y otras naciones deudoras dejaran unilateralmente la Eurozona, hicieran que su deuda entrara en default, recuperaran su soberanía fiscal y readoptaran divisas nacionales.

Algunos dirigentes europeos, como la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Nicolas Sarkoz, han vinculado la supervivencia del Euro a la de toda la Unión Europea.


Críticas al euro

Algunos analistas piensan que esta grave crisis es consecuencia de múltiples errores que se cometieron a la hora de crear la unión monetaria. En concreto sostienen que no se puede crear una unión monetaria sin que antes se produzca una unión fiscal y también política. Y advierten que una unión monetaria sólo es económicamente factible en el caso de que los países miembros de la misma constituyan un área económica homogénea. Observan que se ha puesto de manifiesto la existencia de dos grupos de países claramente diferenciados, advierten de la progresiva ralentización del crecimiento económico de la Eurozona y critican los letales perjuicios que está ocasionando la política monetaria expansiva impuesta, principalmente desde el año 2001, por el Banco Central Europeo (BCE).

El euro se creó antes de que se hiciera una unión fiscal y política entre los países que adoptaron la moneda única europea. Con lo cual, según los citados analistas, el euro carece de futuro por no haberse impuesto una disciplina de homogeneización fiscal entre los países miembros que hubiese permitido alcanzar la austeridad en el gasto público con presupuestos equilibrados y bajo endeudamiento soberano.

Las diferencias entre los países periféricos y el núcleo duro de la UE en vez de disminuir, aumentaron. Las divergencias económicas entre países como Grecia, Irlanda, España y Portugal y países como Alemania o Francia haría inviable el proyecto de la moneda única y la salida de ella por parte de los países periféricos. Estos economistas creen que la zona euro desde su creación no era una zona monetaria óptima.

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