lunes, 12 de mayo de 2014

Hipótesis metabólica para la altricialidad humana

Publicado por Ciudad Universitaria Virtual de San Isidoro
Los humanos al nacer son sumamente desvalidos
Los humanos al nacer son sumamente desvalidos
Se conoce como altricialidad al estado de inmadurez de las crías de una especie animal en el momento de nacer. Es lo contrario a precocidad, que se produce cuando las crías nacen muy desarrolladas.

La altricialidad exige un período de madurez para alcanzar las características de un individuo adulto y un proceso de aprendizaje, lo que implica en cierta medida. cuidados o vigilancia parental.

La altricialidad se da en especies de mamíferos, como en placentarios, roedores y algunos carnívoros, naciendo en un estado de inmadurez, con los ojos y conductos auditivos cerrados o semicerrados, sin pelo y con severas limitaciones motoras.

Los humanos, al nacer, son seres absolutamente inmaduros y desvalidos. En los primates actuales, ninguna especie es tan vulnerable al nacer como la humana, El tamaño del encéfalo humano, al nacer, es la tercera parte del que tendrá cuando alcance su máximo desarrollo. El momento del nacimiento, los humanos están muy lejos de disponer de plenas facultades neurológicas y cognitivas. El lento desarrollo humano y la gran duración del periodo de cría llevan asociados el emparejamiento estable, la supervivencia prolongada de las abuelas, y el cuidado aloparental de las crías, a cargo de otros miembros del grupo.

Hasta ahora, la hipótesis predominante era la conocida como el dilema obstétrico. La altricialidad se explicaría como resultado de dos presiones selectivas contrapuestas, una que tiende al aumento del tamaño encefálico y otra, la tendente a configurar una pelvis idónea para la locomoción bípeda. La pelvis materna impone severos límites al tamaño de la cabeza del recién nacido, lo que complica de manera notable el parto. En comparación con el canal de parto de otros primates, el de las mujeres es el más estrecho en proporción al tamaño de la cabeza del recién nacido. Todo esto habría supuesto una gestación truncada, que llega a término mucho antes de lo que requeriría un desarrollo encefálico equivalente al de los otros primates,. La razón de este truncamiento sería la imposibilidad de dar a luz a bebés con cabezas de mayor tamaño. Pero esta teoría ha sido puesta en cuestión.

Según la hipótesis del dilema obstétrico, la locomoción bípeda hubiera sido menos eficiente con pelvis más anchas, ya que hubiera resultado energéticamente más costosa. Sin embargo, hay dos factores que parecen negarlo. El primero es que las mujeres tienen pelvis más anchas que los hombres, y entre ambos no se han encontrado diferencias en el gasto energético de la locomoción. El segundo es que los análisis biomecánicos teóricos no indican que la eficiencia en la locomoción tenga por qué ser inferior por tener pelvis más anchas.  Por otro parte, si el recién nacido tuviese un grado de desarrollo equivalente al de un chimpancé (que nacen con un 40% del tamaño de cabeza de un adulto), la cabeza del bebé tendría un diámetro 3 cm mayor; tampoco es una gran diferencia, y en principio, si no hay una disminución en la eficiencia de la locomoción, no hay razón para pensar que no se hubiese producido un aumento suficiente en la apertura del canal del parto femenino para facilitar la salida al exterior de una cabeza con ese diámetro. Todas estas razones ponen en cuestión la hipótesis del dilema obstétrico.

En la hipótesis metabólica, las limitaciones no serían anatómicas, sino de índole metabólica. Un feto en desarrollo consume mucha energía metabólica, ya que además de necesitar los materiales estructurales para construir su organismo, su tasa metabólica es muy alta, como corresponde a unos tejidos muy activos en pleno crecimiento. El encéfalo de un recién nacido humano es mayor que el de cualquier otro primate neonato, tanto en términos absolutos como en relación con el tamaño de la madre, como ocurre con el tamaño corporal. Si lo comparamos con los gorilas, el encéfalo humano sería un 50 % superior y el doble de grande; en este sentido, los bebés humanos superan al resto de primates con gran diferencia. De todo esto se deduce que las gestantes humanas dedican a sus fetos un esfuerzo metabólico sin comparación con cualquier otro mamífero y, en concreto, con cualquier otro primate.

La duración de la gestación y del crecimiento fetal en los mamíferos están condicionados por las limitaciones o restricciones energéticas, tanto de la madre como del feto. Estas limitaciones, en la especie humana serían las que imponen la duración de la gestación y no las sostenidas en la hipótesis del dilema obstétrico. El parto se produciría cuando las demandas metabólicas del desarrollo fetal superan la capacidad de la madre para obtener los recursos energéticos necesarios para poderlas satisfacer.

La tasa metabólica basal mide el valor mínimo de energía necesaria para que las células del cuerpo sigan viviendo. Es decir, el mínimo de energía que gasta el cuerpo en reposo, realizando funciones metabólicas esenciales, como la respiración. En la especie humana la tasa metabólica máxima que se puede mantener a lo largo del tiempo es de 2-2,5 veces la tasa metabólica basal. Niveles de 4-5 veces la tasa metabólica basal, en grandes ciclistas y deportistas de resistencia son valores excepcionales y no se pueden considerar como representativos. Durante el embarazo, la tasa metabólica de la gestante se aproxima a ese límite de 2-2,5 veces la tasa basal y en el sexto mes, la tasa metabólica es el doble de la basal. En los últimos meses de embarazo y primeros de lactancia, no se sobrepasa ese límite, incluso en mujeres que, además de estar embarazadas, realizan un trabajo duro. En el noveno mes se llega a una tasa metabólica que es 2,1 veces la basal, y la prolongación del embarazo requeriría un esfuerzo metabólico imposible para la madre. Por todo ello, los autores de la tesis sostienen que la duración del embarazo y el momento del parto vienen determinados por este condicionante.

Sin embargo, si esta hipótesis es correcta, el parto no debería resultar tan problemático, debería realizarse sin dificultad y sin riesgo para la madre y el bebé. Para esto, existen posibles explicaciones. La primera explicación es que una pelvis grande requiere un tamaño corporal grande y no hay que perder de vista que el tamaño corporal está muy condicionado por factores ecológicos. La segunda posibilidad es que ese agrandamiento de la pelvis supondría inconvenientes en términos de eficiencia locomotora, como la estabilidad o la velocidad. Una tercera posibilidad es que las dificultades en el parto sean un fenómeno relativamente reciente, debido a un consumo energético materno más alto, por cambios en la dieta, por lo que los neonatos han adquirido un tamaño mayor que el que tenían en el pasado, sin dar tiempo evolutivamente a un aumento en la anchura de la pelvis. Y hay una cuarta y última explicación es que la llegada al mundo del recién nacido sea la óptima en cuanto al desarrollo encefálico del neonato y su posterior desarrollo cognitivo y neuromotor.

Finalmente, hay autores que sostienen que las dos hipótesis, la del dilema obstétrico y la metabólica, son ambas ciertas, contribuyendo cada una en cierta medida.



Paleontología Humana (Paleoantropología)

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